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¡Que digan, que hablen, que de mi éxito solo Dios sabe!

¡Que digan, que hablen, que de mi éxito solo Dios sabe!
Muchas veces cometemos el grave error de escuchar los rumores que otras personas generan sobre nosotros, tal vez se escuchan como quien espera palabras alentadoras, o peor aún: simplemente por curiosidad, para saber qué rumoran; sin embargo, debemos saber que la gente siempre va a conseguir motivos para hablar, ya sea para bien o para mal, pero seamos realistas, por lo general hablarán lo malo
Entonces ¿qué hacer?, simple, los rumores hay que dejarlos correr, que sigan su cauce como agua que baja por las montañas cuando llueve y recorre las avenidas de nuestras casas. Si somos observadores nos daremos cuenta que esta agua hace el bien, puesto que nutre las plantas y sirve de beberedo para algunos animalitos, pero si esta agua, que en efecto es muy beneficiosa, no sigue su cauce y permanece retenida y se empoza, comenzará a hacer una función que nos perjudicará.
Por consiguiente, así como el agua estancada no es útil, así son las p…